La inteligencia artificial, una tecnología que usamos cotidianamente, requiere un consumo continuo y elevado de agua. Este costo, a menudo no considerado, es una consecuencia significativa de su funcionamiento.
La inteligencia artificial, ha llegado para cambiar muchos aspectos de nuestras vidas. Desde aplicaciones simples hasta soluciones complejas, su presencia es amplia y su desarrollo es rápido, generando tanto interés como preocupación.
Cada búsqueda en internet o pregunta a través de una interfaz, demanda aproximadamente medio litro de agua. Multipliquemos esto por la cantidad de interacciones diarias de individuos, empresas, gobiernos y fuerzas militares. Aunque parezca sorprendente, la inteligencia artificial, tiene un uso importante en el sector militar, superando incluso sus aplicaciones comerciales, educativas e industriales.
Las grandes empresas tecnológicas, como Apple, Microsoft, Amazon y Google, son centrales en este consumo. Estas compañías no solo desarrollan la inteligencia artificial, sino que también son sus mayores usuarios.
Aunque sus inicios se sitúan en 1956, fue durante el período de menor actividad general de la pandemia en 2020, cuando la inteligencia artificial se expandió con el desarrollo de modelos de lenguaje extensos, los cuales son la base de asistentes virtuales como Alexa o Siri. En un breve lapso de cinco años, esta tecnología ha tenido un desarrollo notable, pero detrás de su apariencia avanzada, se oculta un impacto ambiental considerable, un alto consumo de agua.
Al analizar la crisis ambiental, se pueden identificar cuatro tipos de impactos interrelacionados. Primero, el conocido impacto del carbono, identificado en los años setenta. Luego, en los años noventa, con el crecimiento de internet, surgió el impacto ecológico, marcando una novedad, ya que internet fue la primera tecnología importante sin un origen militar directo. Más tarde, con la expansión de las redes sociales, se hizo evidente el impacto digital, esa información virtual permanente, que alimenta la inteligencia artificial. En este entorno digital, si un servicio es gratuito, los datos del usuario son el recurso utilizado. Cada correo electrónico, búsqueda o interacción en una aplicación, alimenta los algoritmos de la inteligencia artificial.
Finalmente, llegamos al impacto hídrico, el tema principal de esta explicación. Podemos entenderlo desde tres perspectivas, el impacto hídrico verde, que se refiere al uso de agua de lluvia, el impacto hídrico azul, que implica el uso de las reservas de agua dulce y el crucial impacto hídrico gris, que es el agua necesaria para limpiar otras aguas contaminadas.
La suma de estos tres aspectos define el costo total del agua, esto se debe al calor intenso que producen los servidores y los componentes electrónicos de la inteligencia artificial, calor que requiere sistemas de enfriamiento complejos, a menudo basados en agua muy pura. Mientras celebramos los avances de la inteligencia artificial, estudios recientes muestran un costo ambiental elevado, una realidad importante que se suma a los ya conocidos impactos del carbono, ecológico y digital, presentando un panorama preocupante para el futuro del planeta. El consumo de agua de la inteligencia artificial, es una necesidad que no podemos ignorar.
